Testimonios


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Nos dirigimos al Cerro Ancón. Las filas eran interminables. Vi muertos bastante calcinados. La mayoría de las personas estaban tiradas en el piso. No se movían. Por eso asumo que la mayoría estaban muertos. Había muchos casquillos de bala. Corrimos a la Avenida de los Mártires por la calle que va hacia el Instituto Nacional. Había dos Hummers. Un militar nos apuntaba. Entonces les dije a las personas, antes de llegar a los vehículos, que no se preocuparan, que yo era de la Cruz Roja, que todas las familias se mantuvieran juntas, que caminaran en fila (...) El soldado nos estaba apuntando y yo grité en inglés , dos veces, que era miembro de la Cruz Roja: "Salvament cross red". Entonces me contestó: "Hands up", que levantáramos las manos. Nos registraron a todos. Amanecimos en una trinchera (...) Hice un pequeño censo. había 30 niños, 10 embarazadas, de cuatro a 10 ancianos y 20 ó 30 señores ya mayores. Era una población grande en una pequeña trinchera. Los tres hermanos somos miembros de la cruz Roja y ése fue el primer lugar donde atendimos...
-Víctor Martín Acosta

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 Hace 23 años estaba incomunicado en Nuevo Arraiján, con 2 nenas de 9 y 11 meses, sin un dólar encima, dejé el auto en el taller un viernes si no me falla la memoria, pagué con lo poco que tenía la reparación con el compromiso de retirarlo en la mañana siguiente y salir a trabajar (era un taxi), pero no pude salir por más de 4 días, si no hubiera tenido a una vecina bondadosa y altruista mis hijas ni leche hubieran podido tomar, este ángel en la tierra me alertó de la última lata de leche en el kiosco de la barriada me dió 10 dólares y nunca aceptó de vuelta los mismos! Cuando pudimos salir y pasamos en un colectivo por El Chorrillo y La Vía España; quedamos sin aliento ante tanta destrucción, nos enterábamos de algo que nunca debió suceder...
 -Ricardo Lasso Herrera

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 Calle 13, Santa Ana, era el Galu (santuario, fortaleza) del Movimiento de la Juventud Kuna (MJK), cercano al cuartel central, organización política antioligárquica y antiimperialista; el Comité Central ya había dado las directrices a todos sus miembros meses antes de diciembre y cada viernes había un pantallazo de lo que ocurría y lo que podía pasar, estaba claro que la invasión era inminente. Los iniciados que eran los custodios del Galu (unos cuántos) nos turnabámos para alertar a los compañeros, desde la azotea del local se divisaba diferentes partes de la ciudad; aquella madrugada del 20 de diciembre, cuando se inicia el bombardeo del cuartel central y el Chorrillo desalojamos nuestro santuario con lo que teniamos puesto (se dormía con los pantalones y sueter y zapatillas o cutarras a lado), el parque Santa Ana estaba lleno de batallones de la dignidad dispuestos a enfrentarse a los gringos no vi militares ni policías aquella madrugada mientras corríamos hasta la avenida B y tomar la avenida Balboa, parecía una maratón sin meta no sé donde se dirigían, nuestra primera parada fue el Hospital Santo Tomás estaba lleno completo las luces y sirenas de las ambulancias que llegaban con los heridos se mezclaban con los bombardeos, en eso se dividió el grupo y no supe más de los demás compañeros (...) días posteriores, nuestro santuario fue allanado por los cobardes gringos y detenido 4 compañeros y se llevaron todos los archivos de nuestra organización y saquearon todo lo que pudieron posteriormente...PROHIBIDO OLVIDAR, NI PERDONAR.
-Kinyapiler Johnson 
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A la casa de nosotros, que está en la planta baja y grande, comenzaron a llegar distintas familias. La guerra comenzó. Por encima pasó disparando uno de esos helicópteros Cobra. Nos metimos debajo de la cama. Todo estaba oscuro. sentíamos el tiroteo, las balas, los helicópteros arriba. Así estábamos cuando de repente vimos como que nos estaban alumbrando. Uno se asomó y nos dijo: "La casa se está incendiando" (...) El fuego empezó así, entre las 12 y la una, en la parte de arriba...
-Hermana de Demetrio López

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Cuando corrimos hacia la iglesia vimos un helicóptero que tiraba unas balas de candela. Eso era lo que prendía las casas, no el "batallón de dignidad", como había comentado la gente. Eran bolas, nada más. Pero realmente nosotros, que estábamos frente al Cuartela Central, al lado de la banda de música, vivimos ese momento y vimos el helicóptero que volaba hacia arriba y traba esas cosas de candela que iniciaron el fuego, directamente acá, en El Límite principalmente. Allí fue donde atacaron primero y después fueron hacia abajo. El fuego comenzó después...
-Martina

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Llamé al director de la región Metropolitana. Me dijo que el sitio de reunión era el Hospital Santo Tomás. Estuve de 30 a 45 minutos en el Centro de Salud e inmediatamente, me fui al hospital Santo Tomás. Llegué a las 2:30 de la mañana aproximadamente. Había mucha gente. Una enorme cantidad de personas venía de El Chorrillo y de las áreas aledañasal bombardeo: mujeres, niños, algunos ancianos también. Obviamente, habían buscado refugio en el hospital Santo Tomás. se intentó llevar a algunos a la iglesia Cristo Rey. según algunas personas encargadas de los refugiados, el padre Villanueva cerró las puertas de los baños y no permitió que la gente se quedara en la iglesia. (Tengo entendido que este padre posteriormente fue condecorado por su acción.)
-Médico del Hospital Santo Tomás

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Cogí un pantalón, un suéter y salí, vistiéndome, a la calle. Corrí. Paré un taxi. El hombre me preguntó para dónde iba. Le contesté que al Cuartel. Me preguntó qué iba a hacer al cuartel. -Voy a pelear, soy guardia.   -¿Va usted a pelear? -me preguntó.   -Sí, este es mi país.
-Memín


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Gilberto [de Jesús Campos Jiménez], sargento segundo de infantería, tenía 42 años y teníamos 19 años de vivir juntos. Tuvimos siete hijos, cuyas edades van de 7 a 17 años. Ese día llegó a la casa como a las 6 de la tarde con un permiso para llevarme una caja con la comida de Navidad. Estaba nervioso. Le pedí que no fuera, que se quedara, pero me dijo que entraba como a las 8 de la noche y que al día siguiente, cuando saliera a las 7 de la mañana, regresaría a casa. Nunca regresó. 
-Angela Tejada

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Atendí personalmente a varios [heridos]. Abría las puertas de los apartamentos y metía a los heridos. Eran heridos de bala. Uno solo, creo, fue caso fatal. No pude hacer nada. Cayó en mis brazos y vi que no respondía nada. No pude arrastrarlo (...) El edificio estaba encendido en la parte de arriba y había cantidad de personas en diferentes apartamentos. Mi temor era... Pensaba que todos íbamos a morir calcinados. Le dije a mi mamá: ¡Si vamos a morir, vamos a morir, pero que no sea calcinados! (...) Como a la hora y media, la última casa en donde habíamos estado se incendió.
-Rosa Ballesteros

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En una ocasión, aproximadamente a las 2 de la mañana, me asomé a la ventana y vi un avión que volaba muy bajito. ese avión disparaba unas lanzas de candela muy fuerte. el avión subía y, cuando bajaba, hacía la descarga. Ví que estalló una bomba e inmediatamente las casas se prendieron. --¡Corran, vengan a ver, se están prendiendo las casas de la 25 abajo! --les dije a mis hijos. La gente salía corriendo en medio de las llamas.
-Madre de niño impedido

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El día 23 fui a retirar los pocos enseres que quedaron. Entré al apartamento donde ese muchacho vivia. La temperatura tuvo que ser monstruosa. Se podía uno imaginar dónde estaba un mueble por las cenizas que quedaron: cenizas de una cama, cenizas de una mesa, de una silla. El repello de las paredes y del cielo raso se cayó totalmente. Los marcos de las ventanas de aluminio estaban fundidos y chorreados en el suelo, como cera... Debió ser una de las bombas de espuma como las que vi el 20 de diciembre.
-Vladimir Broce


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No estoy orgulloso de haber salido a la hora que salí. Fui de los últimos en abandonar El Chorrillo. Estuvimos casi ocho horas soportando el insistente y constante bombardeo del ejército norteamericano. Como a las 7:30 u 8 de la mañana bajamos. Los gringos habían tomado el edificio. Vimos caras pintadas, gente que nos hablaba en un idioma que no era el nuestro. Nos decían: go go  go, fuera, fuera fuera, y nos hacían señas de que bajaramos hacia Balboa. Teníamos que bajar con las manos en alto y, encima, con heridos, ancianos y mujeres encinta. Como era difícil no bajar las manos, corrieron riesgo nuestras vidas. Cuando íbamos hacia balboa vimos gran cantidad de muertos, todos civiles, ninguno combatiente. Espectáculo espantoso para nuestros hijos: la gente partida en dos y sin brazos.
-Tito

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Nota: La mayoría de estos testimonios fueron tomados de El Libro de La Invasión de Pedro Rivera y Fernando Martínez. Otros han sido posteados por sus respectivos autores.